¿Cómo llegaron judíos europeos a Shanghai
durante la Shoa?En 1842, cuando Gran Bretaña venció a China en
la que se llamó “Guerra del Opio”, con los demás comerciantes, llegaron a
Shanghai familias judías. Más tarde, a partir de la revolución rusa de 1917,
judíos rusos que se escapaban de la revolución soviética, empezaron a asentarse
en la ciudad.
En 1937, los japoneses ocuparon Shanghai.
Después de la Noche de los Cristales Rotos de 1938 comenzaron a llegar judíos
de Austria y Alemania, en su mayoría por barco. Hasta agosto de 1939, la
compañía naviera Lloyd Triestino transportó miles de estos refugiados en
cruceros que salían desde Génova y Trieste, dando la vuelta alrededor de Africa
y luego el Océano Indico, hasta Shanghai.
En setiembre de 1939, los nazis ocuparon
Polonia. Unos 40.000 judíos polacos lograron refugiarse en Lituania. Pero en
junio de 1940, los soviéticos ocuparon Lituania, Letonia y Estonia y a quienes
estaban en el país, se les ofreció ciudadanía soviética. Como ciudadanos
soviéticos, no podrían salir del país. Quienes no quisieran esa ciudadanía,
corrían riesgo de ser deportados a Siberia por “indeseables”. La fecha límite
para el cierre de las fronteras: 1o. de abril de 1941. Miles de polacos refugiados buscaron
desesperadamente irse de Lituania antes de esa fecha… ¿Adónde ir? Hacia el Oeste, estaban los nazis. Al Este,
la Unión Soviética. ¿Cómo atravesarla?
Solamente si se obtenía visa para entrar en algún país más al Este de la Unión
Soviética.
Los primeros que trataron de salir de Lituania
atravesando la Unión Soviética, Japón y el Océano Pacífico hasta la colonia
holandesa en la isla de Curaçao, en Mar Caribe, fueron Pessla e Isaac Lewin. La
esposa era ciudadana holandesa, pero al casarse con un polaco y mudarse a
Polonia, adquirió pasaporte polaco. La familia escapó de Polonia ante la
invasión nazi, estaban refugiados en Lituania, que ahora había sido ocupada por
los soviéticos. Pessla Lewin escribió una carta a J.P. De Dekker, embajador de
Holanda con sede en Riga, la capital de Letonia. ¿Podía el embajador De Dekker
darle un visado para viajar a Curaçao o Suriname, las colonias holandesas de
América del Sur? El embajador De Dekker
le contestó claramente: “No es necesaria visa para entrar a Curaçao. El permiso
para entrar lo da simplemente el gobernador de la colonia”. Pessla Lewin
insistió con otra carta. ¿Tal vez el Señor Embajador podía escribir en su
pasaporte polaco que no era necesaria visa para entrar a Curaçao, omitiendo
mencionar que tenía que obtener permiso del gobernador de la colonia? De Dekker aceptó y contestó “envíeme su
pasaporte”. Unos días más tarde, llegó el pasaporte a Lituania por correo con
la anotación manuscrita fechada el 11 de julio de 1940, en idioma francés,
sellada y firmada: “Para la admisión de extranjeros en Suriname, Curaçao y las
demás posesiones holandesas en América, no se requiere visa”.
Unos días más tarde, Isaac Lewin mostró el
pasaporte de su esposa al cónsul de Holanda en Lituania, y éste accedió a
copiar en el pasaporte polaco del Sr. Lewin, lo mismo que su Embajador había
firmado. La fecha: 22 de julio de 1940.
El 26 de julio, la familia Lewin estaba en la
oficina de Chiune Sugihara, Cónsul de Japón en Kovno, mostrando en sus
pasaportes una anotación que parecía una visa consular de ingreso a Curaçao,
manuscrita y firmada, una por el embajador de Holanda en Riga, otra por el
cónsul de Holanda en Kaunas. Querían visa de tránsito para atravesar Japón, con
destino a la colonia holandesa de Curaçao. El cónsul de Japón les otorgó visa
de tránsito para permanecer 10 días en Japón.
Pocos días después, filas de polacos estaban
pidiendo la misma anotación al consulado holandés en Kovno. El cónsul no tenía
idea de que pasaría tres días seguidos, entre el 24 y 27 de julio, escribiendo
1.300 visas iguales a mano. El 28 de julio, ya tenía pronto un sello de goma
con el texto y lo estampó más de mil
veces, hasta el 2 de agosto. En otras ciudades, cónsules holandeses enviaron
“visas para Curaçao” similares, a extranjeros que se los solicitaron por correo
desde Lituania.
Los refugiados que ya tenían algún papel con
su nombre, luciendo el sello del consulado holandés “No se necesita visa para
ir a Curaçao”, hacían fila día y noche para poder entrar al consulado japonés
en Kovno. Querían visa de tránsito de
Japón, para poder llegar a ese lugar de América, del que ni siquiera podían
pronunciar el nombre. La llamaban Kurasow “que en idioma polaco suena algo
parecido.
Todos los funcionarios consulares estaban
obligados a abandonar Lituania el 1º. de Setiembre de 1940, porque Lituania ya
no era independiente sino parte de la Unión Soviética. El cónsul japonés en
Kovno firmó visas de tránsito para Japón incluso desde la ventanilla del tren
con que se iba de la ciudad. Lo hizo a pesar de que Tokyo le había telegrafiado
que negara visas de tránsito sin verificar que las visas para el destino final
fueran verdaderas. Con una visa podía viajar toda una familia.
Otras embajadas y consulados de Japón, en
Hamburgo, Berlín, Estocolmo, Viena y Moscú expidieron unas 1.200 visas de
tránsito para Japón, apoyados en esa anotación llamada “Visa para Curaçao” de
algún cónsul holandés.
El Ministerio de Relaciones exteriores de
Japón podía haberse negado a honrar esas visas consulares emitidas sin
autorización oficial o algunas veces, falsificadas. Pero las aceptaron y
dejaron entrar a su país a los judíos que las traían. ¿Por qué? Porque las aduanas tenían orden verbal
de hacerlo. Años después, se supo de la resolución secreta a la que había
llegado la Conferencia de los cinco ministros de Tokyo en el año 1938. La primera parte marcó la conducta oficial:
“Nuestras relaciones diplomáticas con Alemania e Italia requieren que evitemos
abrazar públicamente la causa judía.” La segunda parte era extraoficial: “Pero
no rechazaremos a los judíos como lo hacen nuestros aliados, porque necesitamos
el capital y la ayuda norteamericana”.
Después de buena cantidad de material investigado,
no tengo dudas de que los japoneses salvaron a muchos judíos europeos durante
la Shoa, pero eso no fue por su humanitarismo, sino una respuesta inesperada
que tuvieron las leyes dictadas por los japoneses frente a las condiciones de
la política internacional.
A las familias que consiguieron la anotación
del cónsul holandés y visa de tránsito japonesa, la agencia de viajes rusa,
Intourist, les vendió a 200 dólares por cabeza, pasajes para salir de Lituania
en tren hasta Moscú, allí esperar en un hotel por el ferrocarril transiberiano
para llegar 11 días más tarde al puerto ruso de Vladivostok, sobre el Océano
Pacífico. Ahí les esperaba aduana japonesa que les quitaba todo el dinero que
tenían encima. Algunos no lograron pasar, porque traían visas claramente
falsificadas. Luego, barco japonés
durante varias horas, hasta el puerto de Tsuruga, en Japón y desde Tsuruga,
unas horas más de tren hasta Kobe, donde la comunidad judía de la ciudad,
integrada por judíos rusos, recibió ayuda financiera de diversas
organizaciones, para tomar a los refugiados bajo su cuidado. Desde Kobe, unos
3.000 judíos polacos declarados y no se sabe cuántos sin declarar, siguieron
viaje a otras ciudades chinas, especialmente a Shanghai.
Una cantidad imprecisa de refugiados, con
visas reales o falsas, se deslizaron a través de la Unión Soviética sin
Intourist, comprando boletos de ferrocarril de una pequeña estación a otra,
evitando las estaciones importantes en las que había vigilancia policial. Los
que hablaban bien el idioma ruso, se arreglaron para pasar.
En julio de 1941, Japón comenzó a prepararse
para el ataque a la base norteamericana de Pearl Harbor, en Hawaii. Necesitaban
el puerto de Kobe para sus preparativos y no querían extranjeros paseando por
la ciudad. Entre Julio y fin de Setiembre de 1941, los japoneses deportaron a
1.500 refugiados judíos de Kobe a Shanghai, en barcos japoneses.
Cuando estos refugiados judíos llegaron a
Shanghai, los llevaron al barrio de Hongkew, porque era el más barato de la
ciudad. Allí vivían cien mil chinos. Los judíos de Austria y Alemania ya
estaban en ese barrio, en dormitorios colectivos que podían tener 100 a 200
camas cada uno, llamados Heime (hogar en alemán) y comían en las “cocinas de sopa”
colectivas. Los judíos polacos no aceptaron dormitorios ni cocinas colectivas.
Convencieron a las organizaciones de apoyo a los refugiados para que les dieran
directamente su cuota de ayuda en dinero. Con sus comités grupales, cada
familia arregló el alquiler de alguna pieza. Lograron decidir cada uno, de qué
iban a privarse cada día. Algunos consiguieron trabajo como mozos de cocina,
ayudantes de sastres, vendedores en los mercados de frutas. Los chinos los
aprovecharon sin miramientos, pagándoles lo menos posible y muchas veces
poniendo como condición que trabajaran una o dos semanas iniciales gratis.
A las pocas semanas, la Yeshivá Mir de
Lituania que había estado dando clases con sus profesores y alumnos refugiados
en Kobe, ya había reanudado sus estudios en la sinagoga Beth Aaron de Shanghai,
con los alumnos alojados dentro o alrededor de la yeshivá. La sinagoga Beth
Aaron había sido construida en los años 1920 por un millonario sefaradita,
Silas Hardoon y nunca había tenido mucho uso. Cuando llegaron los estudiantes de
la yeshiva Mir, encontraron que la sinagoga tenía exactamente la misma cantidad
de asientos que los estudiantes de esa Yeshiva.
Nadie pensó que fuera casualidad. Todos estuvieron seguros de que los
había estado esperando para ese momento. La historia de la Yeshiva Mir, la
única yeshiva que se salvó prácticamente completa durante la Shoa, es otro
tema.
La escuela Kadoorie estaba en otro barrio, era
mantenida por la familia Kadoorie, judíos sefaraditas que habían llegado desde
Bagdad en el siglo XIX, comerciantes internacionales de gran poderío económico.
En esa escuela la enseñanza era en inglés y hebreo. No se limitó a ser escuela
sino centro diurno para todos los niños y niñas, donde les dieron comida,
enseñanza, esparcimiento, clínica médica, les enseñaron a cantar y los niños
volvieron a sonreír.
La llegada de los judíos polacos cambió la
forma de vida de los judíos en Shanghai. Los venidos de Polonia eran mucho más
activos en la vida judía, laica y religiosa, que los judíos ya instalados,
algunos provenientes de la Unión Soviética y otros de Austria y Alemania. Los
judíos polacos vinieron hablando en idioma Idish. Los judíos rusos conocían el
idioma Idish de haberlo escuchado en casa de sus abuelos, pero con los judíos
polacos llegados desde Kobe, el Idish pasó a escucharse en las calles, en
programas de radio, conferencias, en periódicos, revistas, teatros.
Entre el 7 y
8 de diciembre de 1941 los aviones japoneses destruyeron casi al mismo
tiempo, los aviones de la Real Fuerza Aérea Británica en el aeropuerto de Hong
Kong y la flota norteamericana anclada en la bahía de Pearl Harbor. En
Shanghai, los norteamericanos, holandeses, británicos, canadienses,
australianos, pasaron a pertenecer a países “enemigos”, los japoneses los
consideraron posibles “espías”, los internaron en campos y los sometieron a
interrogatorios interminables. Hong Kong
fue robada y arrasada, los hospitales ingleses incendiados, los médicos
asesinados, las enfermeras violadas, la
población civil extranjera fue en
algunos casos salvajamente torturada,
cortándoles la lengua, las orejas, arrancándoles los ojos. Los
extranjeros de Hong Kong fueron apiñados en la península de Stanley, la lista
oficial fue de 2.325 ingleses y 350 de otras nacionalidades. Nadie les preguntó
quiénes eran judíos, pero había unos cuantos. Algunos barcos intercambiaron
prisioneros japoneses por estos internados, pero la mayoría quedaría allí hasta
el fin de la guerra. La pasaron duro, la
comida que tenían asignada eran raciones de hambre y casi no les llegaba porque
los guardianes japoneses se quedaban con la mayor parte, para venderla en el
mercado negro. Otros extranjeros, sobrevivieron el resto de la guerra
internados en diferentes campos de detenidos.
Y ¿qué pasó con los judíos refugiados en
Shanghai? Lo veremos en la próxima publicación.
Nota: Kovno es el nombre polaco de la misma
ciudad que en lituano se llama Kaunas.
Esther Mostovich de Cukierman
A 70 años de la liberación del gheto judío de Shanghai. Primera parte.
07/Sep/2015
Por la Esc. Esther Mostovich de Cukierman